Texto

Melodrama

writerinthedark

“I’m 19 and I’m on fire” canta Lorde en la última canción de su último disco.
Yo lo escucho, y lloro. He llorado mucho últimamente, sí, pero ahora se siente distinto. Porque no es sólo que este disco sea bueno. He escuchado discos buenos últimamente y he llorado por cómo me conmueven. Esto es distinto.

He estado yendo al sicólogo porque llevo tiempo sintiéndome confundida, sensible, desconcentrada, distraída por el ruido adentro de mi cabeza. El otro día abrí la cortina de mi pieza y la niebla era tan espesa que no se veía el edificio que tenemos al frente. Así estoy. Mi sicólogo que me conoce desde los 20 años, cuando estaba en llamas como la canción de Lorde, me ha ayudado a calmar el fuego cada vez que se lo pido. En todos lados dicen que crecer duele. Lo escuchamos en canciones, lo leemos en libros, lo vemos en películas. Pero cuando tu sicólogo te dice que tienes pena porque estás en el funeral de la rocketina (ese personaje que construiste en tus 20 y que era tu username y tu avatar y tu idea de cómo debía ser una mujer siempre despegando siempre yéndose al espacio siempre dejando fuego a su paso), lloras con ganas y entiendes. Qué sí. Que acá estás. Dejando morir a la rocketina. Al personaje. Viendo cómo ser una persona. Una mujer. Una mamá. Una esposa. Y duele porque siempre pensaste que ibas a conocer el universo entero y resulta que por ahora es acá donde tienes que estar. Y está bien.

Y entremedio de la niebla, de repente un disco. Una niña de 20 cantando sobre esa niña de 20 que fuiste. Ésa que se enamoró hasta la locura. Ésa que se sanaba de la locura tomando y bailando y besando a mucha gente. Ésa que escribía textos más tristes que sus sentimientos. Esa niña de 20 que pensaba que su primer tatuaje iba a ser un cohete y no los nombres de sus hijos. Esa niña que vivía cada relación como la última. Esa niña que se alimentaba de comida chatarra y Melodrama. Melodrama con mayúscula, como modo de vida. Como el nombre de este disco perfecto. Este disco que escuchas y con el que lloras, porque esa niña se muere adentro tuyo pero no sin una fiesta de despedida. Las mejores fiestas son en las que uno baila y llora.

En este funeral, bailo al ritmo de Lorde, en honor a la rocketina que fui.

fuerte

el otro día se me cayó una ampolleta
con un estruendo doloroso
pensé que un corazón al romperse
si sonara, sonaría así
como una explosión
pero de vacío

En el día del amor

Yo sé que la moda es odiar y que lo bacán es ser indiferente. Yo sé que son asquerosos los abrazos de año nuevo, los niños en espacios públicos, y las declaraciones de parejas en redes sociales. Puaj.

Que el amor romántico es una mentira inventada por el capitalismo. Que el matrimonio es una estupidez. Que tener hijos es una condena. Yo sé todas esas cosas. Las leo y las escucho tan seguido que sí, lo sé.

Pero lo que siento es otra cosa. Lo que siento yo, todo el día, es amor. Amor ridículo y grotesco. Por mi marido, por mis hijos. Por lo que hago, por las cosas que leo y escucho. Por mis amigos, por mi familia. Hasta, incluso, por mí.

Sí, es incómodo que un extraño te abrace. Pero elijo abrazarlo de vuelta. El ruido de niños llorando o gritando también me estresa, pero elijo empatizar con sus papás. Las declaraciones de parejas en redes sociales a veces son muy cuma. Pero elijo alegrarme por esa gente, porque sientan algo tan fuerte que los lleve a hacer el ridículo en público y ni se den cuenta.

Elijo amar. Todo el tiempo. Elijo decirle a mis amigos que los extraño si no los he visto hace mucho tiempo. Abrazarlos, cuando finalmente los veo. Elijo subir fotos a mis redes sociales de mis hijos, de mi marido. Escribir sobre cuánto los amo (tratar por lo menos porque es realmente inmenso). Elijo amar mi cuerpo, mis manos y lo que hacen. Mi oficio. Dar la lata con las letras porque siento que todavía no está claro que son lo mejor que hemos inventado. Elijo decir lo que siento, hasta la estupidez a veces. Contestar preguntas de desconocidos. Sonreír en el ascensor. Tener hijos y criarlos. Adoptar un perro. Comprometerme. Elegí casarme, con todas sus dificultades, y acá estoy eligiéndolo todos los días.

Yo sé que está de moda odiar, pero aún así elijo amar. Aunque sea una festividad inventada por el retail, yo hoy día elijo celebrar.