Hace una semana

Cuando pasa algo que te cambia la vida uno siempre empieza a pensar “hace una semana yo estaba…” o “hace 3 meses yo iba a…” comparando la situación actual con la situación pasada. Es un ejercicio cruel, cuando lo que te pasó es triste. Pero uno lo hace, igual.

Hace una semana yo estaba embarazada y enferma. Después de 3 días horribles de fiebre y contracciones, supe que lo que tenía era Listeria, una enfermedad que tiene el potencial de ser muy grave para las embarazadas y sus hijos. Una enfermedad muy rara que no le da a casi nadie, pero que me dio a mí. Por algo que comí, por algo infectado que comí, y que quizás nunca sepa qué fue. “Puede haber sido cualquier cosa”, dijo el doctor, lo que sonó como la más clara confirmación de que la vida es puro azar y que a veces te toca sufrir.

Hace 27 semanas empezó mi embarazo. Hace 7 semanas nos enteramos que era un niño. Hace una semana, entremedio de exámenes y miedo, lo llamamos Félix como siempre quise que se llamara. Hace una semana empezó un trabajo de parto imparable que me confirmó la certeza de que el cuerpo es más sabio que la mente. Un trabajo de parto demasiado prematuro que sacó a mi hijo infectado de mi cuerpo infectado para ver si nos iba mejor separados. Hace una semana empujé a mi hijo Félix hacia el azar de la vida como quien besa los dados antes de lanzarlos. Pero yo no pude besarlo. Aún no puedo.

Es muy pequeño y muy frágil. Y la infección muy grande y poderosa. Y cada día que pasa es una mezcla de progresos y problemas.

Hace una semana entendí que vivir es un riesgo, y que tener hijos y amar a esos hijos- la manifestación máxima de vivir y seguir viviendo más allá de la muerte propia- es el mayor riesgo de todos. Que siempre puede salir algo mal, en cualquier momento de sus vidas, y que uno se somete a la posibilidad de ese dolor infinito… por amor. Por puro amor.

Hace una semana que siento amor y dolor en iguales cantidades. Y aunque trato de entender por qué nos pasó algo así, sé que probablemente nunca lo lograré, y escribiendo esto ahora siento que lo importante no es entender por qué, sino para qué. Y así es cómo espero descubrirlo: escribiendo, registrando, tomando fotos, haciendo lo que sé hacer. Pensé mucho en si debía compartir este momento, escribirlo, retratarlo, y siento que no hacerlo sería tener lástima, o peor aún vergüenza, por mí misma y por mi hijo. El futuro es incierto pero estamos vivos. Mi Félix nació, hace casi una semana, el Jueves 29 de Mayo a las 11:57 AM. Es Géminis y tiene los rulos de su papá y la pera de su mamá.

Y aunque el futuro sea incierto y tenga más miedo que fuerzas, hace 2 meses le escribí a Félix en mi bitácora de embarazo: “Quiero que sepas que las mejores cosas en la vida son las que dan más miedo. Casarme con tu papá, venirme a vivir a Santiago, renunciar a mi trabajo para quedarme en la casa cuidándote a ti y a tu hermano. Subirse a una montaña rusa. Dar un primer beso. Siempre he pensado eso y me gustaría enseñárselo a mis hijos: el miedo no siempre es una mala señal. A veces es señal de que algo vale la pena”.

Hace 30 años nací. Hace 6 años tuve a Leopoldo. Hace 4 años conocí a Cristóbal. Hace 7 meses nos casamos. Hace 6 meses y medio me embaracé. Hace una semana nació Félix. Estas son mis cartas. Y sólo me queda esperar que en un tiempo futuro, cuando compare mirando hacia atrás, vea que la vida jugó a mi favor, y que todo esto valió la pena.