Silvia y Tom

Después de este matrimonio decidí que sólo tomaría fotos de matrimonios de día. Es simplemente, lo mejor. Amo la luz natural y los lugares como éste. Silvia y Tom se casaron después de muchos años de pololeo y viajes por el mundo. Tom es de Inglaterra y pronto se irán a vivir allá. Su día de matrimonio fue muy relajado y divertido.

IMG_0456 IMG_0483 IMG_0574 IMG_0615 IMG_0826 dipticosilvia1 IMG_0492 IMG_1246 IMG_1261 IMG_1264 IMG_1303 IMG_1321 IMG_1332 IMG_1391 IMG_1459 dipticosilvia2 IMG_1493 IMG_1541 IMG_1583 IMG_1589 IMG_1792 IMG_1815 IMG_2179 IMG_2229 IMG_2346 dipticosilvia3 IMG_2721 IMG_2735 IMG_9584 IMG_9631

Kate y Daniel

Tuve la inmensa suerte de estar todo el día con la Kate el día de su matrimonio. Ella es una de mis mejores amigas de la vida, y poder compartir tan íntimamente ese día con ella fue lo mejor. El día de su matrimonio, cumplía 8 años de pololeo con su novio – ahora marido – el Daniel. Fue un día feliz.

IMG_3502 IMG_3522 dipticokate1 IMG_3640 IMG_3654 IMG_3663 dipticokate2 dipticokate3 IMG_3690 IMG_3753 IMG_3785 IMG_3853 IMG_3856 IMG_3905 IMG_3928 IMG_3992 IMG_4009 IMG_4088 IMG_4096 IMG_4165 IMG_4171 IMG_4179 IMG_4197 IMG_4236 IMG_4265 IMG_4674 IMG_4695 IMG_4757 IMG_4772 IMG_4838 dipticokate4

Ejercicio #4: Antonia y Juan

Yo no estaba ahí pero me lo contaron.  La Antonia con el Juan llevaban años pololeando, años. Ella siempre nos decía que él era el amor de su vida (aunque lo empezó a decir como a los 15 y yo creo que ni siquiera le había dado un beso a otra persona antes). Le tenía el nombre puesto a todos los hijos que aún ni pensaban tener y había conseguido que su familia siempre invitara a Juan a todas las vacaciones familiares a la casa de Cachagua.

Así que nadie se sorprendió cuando Juan le pidió matrimonio, justo después de cantarle Feliz Cumpleaños, en el picnic que ella misma se organizó para celebrarse sus 21. Lo que sí fue sorprendente fue que la Antonia se paró (botando una botella de jugo de frambuesa en la mantita), y salió corriendo, así, sin decir nada. Juan se quedó con la torta en una mano y el anillo en la otra. Menos mal que yo no fui porque seguramente me habría reído.

El asunto es que la Antonia corrió y corrió y corrió por el parque, con un dolor que le punzaba el costado, con sabor a sangre en la garganta, sin entender por qué, ni saber a dónde iba, pero siguió corriendo hasta salir del parque, hasta llegar a la calle, hasta llegar a un semáforo y pasar de largo, hasta que la atropelló una bicicleta y ahí paró de correr.

Las malas lenguas dicen que fue un castigo divino por hacerle tamaña canallada al pobre de Juan, pero las que la conocemos de verdad sabemos que el que manejaba la bicicleta es mil veces más mino y la hace más feliz que ese perno de Juan.