amor

En la casa se está mejor

Hace tiempo que no tomaba fotos. He estado muy sumergida en las letras. Pero desempolvé mi cámara, que hace años ya llegó al máximo de su vida útil, y decidí tomarle fotos a nuestra casa. Aún no había registrado a este Félix de 3 años 8 meses, tampoco a esta casa nueva que tanto amo. Así que acá estamos, en nuestra casa sin ordenar, una tarde cualquiera. Yo, mi cámara, el Chiqui y la Chasca.

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Cómo “Llámame por tu nombre” me definió el amor

Originalmente publicado en Zancada

¿Qué es lo que nos hace ser fanáticos de algo? ¿En qué momento la declaración deja de ser “me gusta”, porque suena a poco, y empezamos a decir “soy fan”? Hay un punto, que no sé bien cuándo ni por qué ocurre, en el que empezamos a consumir eso de lo que somos fanáticos de una manera compulsiva, casi obsesiva. Y ya no es suficiente sólo verlo, leerlo, tenemos que usarlo en la ropa, pegarlo en las paredes, dibujarlo en los cuadernos. Tatuarnos. Mostrarle al mundo que eso que vimos, eso que leímos o escuchamos, eso de lo que somos fanáticos, nos define.

Porque definirse es difícil y más aún en la adolescencia, que es cuando aún estamos en proceso y no sabemos mucho sobre nada. Por eso no creo que sea coincidencia que durante esta etapa nos aferramos más a nuestros fanatismos.

Yo ya no soy adolescente, pero siguen habiendo cosas que para mí son imposibles de definir, por más que lo intente. Y las obras que me ayudan a definir lo que son esas cosas —las canciones que me ayudan a explicar cómo se siente andar en la noche en el auto con tus amigas, los libros que me ayudan a entender lo que significa ser amigo incondicional de alguien, las películas que me muestran lo que es el amor— son las que más me generan esa sensación de anhelo eternamente insatisfecho que antes me causaban mis fanatismos.

Llámame por tu nombre es una de esas películas. Es en lo que voy a pensar, de ahora y para siempre, cuando me entregue a la imposible tarea de definir la experiencia de amar a alguien. Desde la primera vez que la vi, me supe fanática de ella. Si pudiera, andaría por la calle con un cintillo con su título en la cabeza.

Esto es lo que deben saber sobre la película: está basada en el libro de André Aciman del mismo nombre y es la historia de dos hombres que se conocen y se enamoran. Sus nombres son Elio y Oliver. Elio tiene 17, Oliver 24. Elio es fanático de Oliver. Le escribe cartas en sus libretas, hunde la cabeza en su ropa, lo mira boquiabierto. Se entrega con absoluto arrojo a la experiencia de desear por primera vez. Tener sexo por primera vez. Amar por primera vez y perder por primera vez.

¿Se acuerdan de la primera vez que los tocó alguien que les gustaba? ¿De ese dolor en la guata, de ese mareo, de esa fuerza imparable que parecía tirarte hacia esa persona, haciendo casi físicamente doloroso separarse de ella? Yo me acordé de todo eso. De las canciones que sonaban y de los olores en las piezas, de lágrimas en las páginas de diarios y llamadas telefónicas que duraban horas. Ninguna de esas cosas va a volver a pasar, pero esta película me hace sentir ahí de nuevo.

“Llámame por tu nombre y yo te llamaré por el mío”, es una frase que Oliver le dice a Elio, y no sé si hay una manera más perfecta de describir ese estado. Cuando quieres que la otra persona esté tan cerca, que ya no basta con tenerlo adentro; lo absorberías si pudieras. Algo me pasa cuando escucho esa frase, cuando la leo. Algo en mí, entiende. Por eso y mucho más decir que esta película sólo “me gustó” se siente como una ofensa.

Soy una absoluta y perdida, salvaje y hambrienta, desquiciada y peligrosa fanática de esta película. De esta historia. De su música, sus diálogos, sus colores, su fotografía. De cómo contaron la historia más importante de todas, la única que importa, la única que existe y sólo se cuenta de maneras distintas: la historia de dos personas que se conocen, se enamoran y nunca más vuelven a ser los mismos.