familia

Parka de papá

Ayer en Olmué estaba muerta de frío, así que mi papá me pasó una parka que se había comprado hace poco. Tenía olor a su perfume en el cuello. No me la saqué en lo que quedó del día, incluso volví a Santiago con ella. En el bus y en el metro, aunque me dio un poquito de calor, no me la saqué.

Hoy en la mañana en las noticias dijeron que afuera había 1,9º grados. Y aunque me queda grande y no me veo ni un poco atractiva con ella puesta, me vine a la oficina con la parka de mi papá. Porque uno puede estar vieja y tener su familia propia, pero hay fríos que sólo te los quita una parka de tu papá. Y hay días —como los Lunes— que sólo se superan con el olor a su abrazo de papá dando vueltas.

Villarrica

Estas vacaciones fueron raras. Porque a pesar de que fuimos a Villarrica, sólo pudimos pasear un día. Leopoldo estuvo enfermo, con fiebre incluso, la mayoría de los días. Y nosotros lo acompañamos: acostados, nerviosos. Hizo mucho frío, hizo mucho miedo.

Pero ya volvimos, y está mejor, está sano. Viendo las fotos, igual me alegro de haber ido. Fuimos a Villarrica porque hace 3 años, 5 meses, fue donde empezamos nuestra relación con Cristóbal. Y volver al lugar, ahora con Leopoldo, una familia los 3, se sintió bien. Siempre me han gustado las repeticiones, los patrones, registrar un ciclo, y cosas como éstas a mí me llenan el corazoncito de felicidad:

2001

Esos somos nosotros comiendo en el 2001, ese restaurant bacán de Villarrica.

También pasó que volvimos a un lugar donde el Cristóbal compró unas zapatillas la primera vez que fuimos, que se convirtieron en sus favoritas, a ver si todavía estaban para comprarlas de nuevo. No habían para él, pero sí habían en el número de Leopoldo. Y ahora el Leopoldo tiene esas zapatillas, las mismas zapatillas, que usaba el Cristóbal mientras empezábamos a enamorarnos. Esas cosas a mí simplemente me matan, esa forma que tiene la vida de volver a través de objetos.

Voy a subir las fotos del viaje ahora en un rato. Ojalá les gusten. Viva Villarrica