felicidad

La felicidad es un ejercicio

Felicidad from Eleonora Aldea on Vimeo.

 

Me acordé que hace mucho tiempo yo hacía videos. Me acordé también de este post que escribí para Zancada, con muchos ejercicios de felicidad. Me acordé de cuando tenía tiempo para hacer videos y escribir posts. Era muy feliz. Pensé en eso de que la felicidad fuera un ejercicio. Algo que hacemos. Algo que mientras más hacemos, mejor hacemos. Y decidí dedicarle la tarde a algo completamente mío. A ejercitar mi felicidad. Y escribí con plumón rosado sobre papel rosado (mi color favorito del último tiempo) grabé la textura de la tinta en el papel, le pedí a mi hijo mayor que me grabara escribiendo y le enseñé cómo tomar la cámara con seguridad. Dejé que el menor rayara encima de las hojas, y cuando terminé lo edité todo junto a una de las canciones más hermosas que he escuchado en el último tiempo: Haley, de Big Thief. 30 segundos de felicidad purita.

Amor, mi cuerpo, mis hijos, mis herramientas, y una canción.
Tengo todo lo que necesito.

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La vida es buena y la gente es linda

Así se llaman unos álbumes en mi Facebook, donde voy poniendo fotos de distintos eventos, de distintos amigos, de familia, de mi vida diaria… fotos que quedan ahí en el computador y que un día feliz me dedico a recolectar, editar y publicar.

Acá algunas seleccionadas del último álbum, que hice hoy, y que me dejó más convencida que nunca de que la fotografía is the one for me, my ecstasy, the one I need.

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La Felicidad

En mi casa, ahí está.
Decidí renunciar, lo que para alguien que se acaba de casar y busca ampliar la familia inmediatamente puede ser algo arriesgado y absurdo, pero renuncié. Me voy a dedicar a mis proyectos, voy a trabajar como fotógrafa y diseñadora freelance, y por sobre todo: voy a estar con mi hijo, voy a embarazarme para tener otro, y voy a estar ahí para ellos mientras crecen. Voy a embellecer mi casa, voy a aprender a cocinar las comidas que me hacía mi mamá, y voy a trabajar en mis tiempos libres para hacer felices a personas que necesiten algo que yo les pueda dar. Y voy a dedicarle tiempo a todas esas cosas que me hacen a mí feliz.

El corazón puede fallar, un auto te puede atropellar, un meteorito puede caer y yo me quiero morir sabiendo que le dediqué mi tiempo a lo que está ahí, en mi casa, con el olor del pelo de mi hijo en las almohadas, con pelos de gato blanco volando por el aire, con el sillón esperándome cuando necesite descansar. Al ocio, si es necesario. A la tele, si se me da la gana. Y al trabajo, sí, obvio. Pero en su justa medida, en su sana medida.

Agradezco este tiempo en oficina porque conocí gente que amo, porque aprendí demasiado, y porque, aunque no he trabajado en muchos lugares, sé que trabajé en un muy buen lugar. Sin embargo lo agradezco principalmente porque aprendí que aunque es un sistema muy cómodo y seguro: no es para mí. Prefiero elegir qué hacer con mi día. Prefiero mi casa. Prefiero ir a buscar a mi hijo al colegio y caminar con él de la mano a la casa.

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