fotografía

la primera

Esta foto la tomé el 10 de septiembre del año 2003, con una pequeña cámara compacta Sony. Estábamos con la Daniela, mi mejor amiga, en Costas de Montemar. Un lugar en el que hoy hay muchos edificios pero en ese momento sólo había calles entre las dunas y mucha vista hacia mucho mar. La cámara era de ella, pero la usaba casi siempre yo.

Esta fue la primera foto que tomé con algún tipo de intención fotográfica más allá del típico retrato. Cuando la vi en el pequeño visor de la cámara, pensé “oye que bonita”, pero nada más. Es lindo como pasan las cosas.

Una labor de amor

Dentro de todas las tareas que conlleva planificar un matrimonio, encontrar el fotógrafo adecuado no es la más simple. Uno puede ahorrar en todo, hay cosas que incluso pueden fallar, pero un buen fotógrafo va a hacer que todo se vea bien: el lugar, el vestido, la decoración, la iluminación, etc. Y eso es si uno considera lo básico. Si uno de los dos novios es fotógrafo, la tarea puede volverse más difícil aún. Porque uno espera más, uno espera fotos como las que uno hubiera sacado si no hubiera estado ocupada casándose.

La primera vez que me encontré con fotos de matrimonio “diferentes” fue viendo en el sitio Our Labor of Love. Las vi y pensé “esas son las fotos que a mí me gustaría tomar en un matrimonio”. Eran espontáneas, eran naturales. No habían poses falsas, no había flashazo en la cara. Sentía que estaba viendo el día especial de dos personas que se aman, tal como había sido.

Cuando me tocó buscar fotógrafo para mi matrimonio, sabía que quería fotos en ese estilo. Se convirtió en mi prioridad. Y me costó, sí. Pero un día una ex compañera de oficina me mostró el blog de Mónica Muñoz. Vi un par de matrimonios que había hecho, y sus fotos me emocionaron. Me dolió la guata. Tuve una corazonada: ella tenía que ser.

La conocimos y la corazonada se convirtió en una certeza. La primera vez que nos juntamos la Moni nos recibió en su casa con galletas y chocolates. Nos tomamos una cerveza. Nos reímos. Nos transmitió la sensación de relajo y naturalidad que queríamos en todos los detalles de nuestro matrimonio. La decisión estaba tomada. Y desde ese día la decisión se ha confirmado correcta cada vez que la hemos visto: cuando nos hicimos una sesión y hasta mi gato se relajó ante su lente, cuando nos casamos y terminó en la pista de baile entre medio de todos los invitados, cuando nos entregó las fotos de una manera tan dedicada y bella que tenemos guardado hasta el empaque que usó… y cuando vimos las fotos. Cuando vimos las fotos, y compartimos las fotos con otros, y supimos, simplemente supimos, que nadie podría haber retratado la felicidad de ese día de una forma tan verdadera.

Ayer hicimos una sesión familiar. Habíamos querido hacer fotos cuando estaba embarazada, pero el Félix se apuró. La Mónica durante este proceso se ha mantenido atenta. Preocupada, presente, cariñosa. Y ayer fue nuestra fotógrafa de nuevo. Y a pesar de que aún ni veo las fotos, sé que en ellas se reflejará la tranquilidad, el alivio, y la inmensa alegría que nos produce ser una familia de 4.

Ayer, también, la Mónica nos regaló un álbum de nuestro matrimonio. Porque sí. Porque es bacán. Porque lo que ella hace es una real labor de amor. Y yo lo único que puedo hacer para agradecerle es escribir este post en su honor. Porque un tuit no alcanza. Porque un estado en Facebook no es suficiente. Porque la quiero y porque la contraté esperando tener buenas fotos de mi matrimonio, y terminé ganando una buena amiga.