hijos

Compartir un jugo

Todos los días vamos con el Félix a buscar al Leopoldo al colegio.
Todos los días en Plaza Italia hay un caballero que vende los jugos de carrito más ricos de todo Santiago.
Siempre cuando venimos de vuelta compro un jugo de frutos rojos que nos vamos tomando los 3, por turnos.
O más bien que yo y el Leopoldo nos tomamos por turnos, mientras el Félix grita para que se lo demos todo.
Cuando se termina, le paso el vaso y eso lo deja feliz hasta que llegamos a la casa.

Un día veníamos de vuelta y le pagué al caballero con un billete muy grande. No tenía vuelto.
“Páguemelo mañana” me dijo. Yo dudé. Él insistió. “Cómo se van a quedar con las ganas?”.
“Mañana le compro dos”, le dije.
Al otro día le pagué, pero le quedaban sólo 2 jugos y ninguno de ellos era de frutos rojos.
“Hoy día se me fueron todos muy rápido” se excusó.
“Se lo merece” le dije.

Caminamos sin jugo a la casa, con el Félix reclamando.

 

un momento en una tarde

bailo con mis hijos en el living. le hago muecas al chico y hago chistes con el grande, mudo al chico y hago las tareas con el grande, el grande me pide que le alcance una servilleta (los adultos de la casa somos muy altos y guardamos todo a nuestra altura), el chico a su manera me pide que lo tome. los beso, los abrazo, les hago cosquillas, los necesito. les hago comida, los baño, los salvo de peligros inminentes, me necesitan.

al chico le enseño a no tirarse de la cama, los nombres de las cosas, a caminar, a masticar. cosas esenciales que un día yo también aprendí. al grande le enseño a pronunciar bien las palabras en inglés, a lidiar con la compañera que lo molesta… le enseño que cuando uno dice algo sin pensarlo mucho, puede ofender o apenar a otras personas… cosas que aún estoy aprendiendo yo misma.

pienso en mi mamá. en mis 2 hermanos. en que estamos todos grandes con nuestros hijos, familias, sueños y vidas propias. pienso que algún día que ya nunca podré recordar fui como mis hijos. pienso que algún día que aún no puedo imaginar, ellos van a ser como soy yo ahora. y quizás no se van a acordar de bailar conmigo en el living. y lloro. y me pregunto cómo es que mi mamá no llora todos los días por no tenernos ahí. porque ella sí se acuerda de cómo era cuando la necesitábamos tanto. cuando no habíamos aprendido nada.

“pero así es la vida” me dice por teléfono, y me asegura que mis hijos van a crecer y voy a saber dejarlos ir, aunque ahora me sea imposible imaginarlo. que aunque no me dejen trabajar, y duerma mal, y esté cansada y no tenga tiempo, tengo que disfrutar estos momentos. así que bailo. y bailamos.

y en ese baile estoy yo y ellos y mi mamá y yo cuando chica y ellos cuando grandes y toda la no-linealidad del tiempo, mientras suena una perfecta canción pop de fondo.