Compartir un jugo

Todos los días vamos con el Félix a buscar al Leopoldo al colegio.
Todos los días en Plaza Italia hay un caballero que vende los jugos de carrito más ricos de todo Santiago.
Siempre cuando venimos de vuelta compro un jugo de frutos rojos que nos vamos tomando los 3, por turnos.
O más bien que yo y el Leopoldo nos tomamos por turnos, mientras el Félix grita para que se lo demos todo.

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Crecimiento personal de semana santa

Hoy intenté hacer un lettering durante mucho rato. No me salía. Intenté con otros lápices, con otros papeles, otras técnicas. Y no había caso, simplemente no me resultaba. Lo que quería dibujar era un palo, una indirecta mala onda. Una indirecta a esas personas que se creen los fiscalizadores del lettering y andan juzgando y metiéndose en cómo uno debe o no debe hacer las cosas. Juzgando, desde sus pedestales hechos de ego exacerbado.

Pero no me salía.

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El valor de la fotografía

“HOY CON UN SMARTPHONE TODOS SOMOS FOTÓGRAFOS”
Dice un afiche, en la fachada de un edificio por el que paso todos los días. Y mientras más lo leo, más falso lo encuentro. Es cierto que tener una cámara disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, mejora nuestra capacidad de registrar la vida. Obvio. Pero no todo el que tiene lápices es ilustrador. No todos los que tienen diarios son escritores. Y no todos los que tienen smartphones son fotógrafos.

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la primera

Esta foto la tomé el 10 de septiembre del año 2003, con una pequeña cámara compacta Sony. Estábamos con la Daniela, mi mejor amiga, en Costas de Montemar. Un lugar en el que hoy hay muchos edificios pero en ese momento sólo había calles entre las dunas y mucha vista hacia mucho mar. La cámara era de ella, pero la usaba casi siempre yo.

Esta fue la primera foto que tomé con algún tipo de intención fotográfica más allá del típico retrato.

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3 instancias de juventud equivocada

1- El otro día, en la playa, el Leopoldo armaba un castillo de arena con una niña más pequeña que él. Ella insistía, inteligentemente, en que hicieran una canaleta para que el agua que viniera de las olas se metiera al foso del castillo. El Leopoldo no quería. Yo, que estaba escuchando la conversación, le dije al Leopoldo que le hiciera caso a la niña, que ella tenía la razón (consejo que probablemente repetiré muchas veces a lo largo de su vida).

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Feliz día, Cristóbal

Siempre pensé que la paternidad se diferenciaba de la maternidad en el hecho de que su manifestación tiene que ver con decisiones. La maternidad llega, y de una manera física y media innegable, se asume, se acepta y se vive. Aunque uno haya querido ser madre o no, desde el momento en el que te confirman que hay una persona creciendo y viviendo dentro tuyo, ya está. Puedes elegir tener a tu hijo,

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