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deja al misterio ser

Todos los días nos acostamos en la misma cama, él lee, yo pongo el iPad encima de mi guata y veo algún capítulo de la serie que estoy viendo en ese momento. Pienso que las series son para mí lo que los libros son para él. Mundos en los que te metes por un tiempo. Mundos gigantes, infinitos, que caben en nuestras manos abiertas. Él ahora está leyendo 2666 de Roberto Bolaño. Yo acabo de terminar una maratón de The Leftovers, que me dejó con el corazón elevado y por el piso al mismo tiempo. No estoy de acuerdo con nada de lo que dice alguna gente que se cree mejor por leer. Una serie, una buena serie, te rompe la cabeza y el pecho de una manera irreparable. Una buena serie es como un par de lentes a través de los cuales empiezas a ver. Lo bueno, las fallas. Una buena serie se convierte en una manera de enfrentarse a las cosas.

The Leftovers es una buena serie. Una muy buena serie.

Y cuando llegué a la última escena, del último capítulo, de la última temporada comprobé que sí, The Leftovers era una historia de amor. Mis favoritas. Porque puedo contar acá que se trata de lo que pasa con la humanidad cuando el 2% de la población desaparece. Puf. Sin rastro ni explicación. Puedo seguir explicando que ése es el punto de partida, pero que en verdad se trata de las creencias, de las cosas a las que uno se aferra para darle sentido a lo que nunca va a tener sentido (estar vivos, estar acá). Puedo decir que se trata sobre las distintas dimensiones (ésta y las que no podemos ver), que se trata de gente que se vuelve loca, de la Biblia, de la religión, de la violencia. ¡De la familia! Sí, trata mucho sobre la familia. Porque se trata sobre el amor po. Lo más misterioso y terrible y hermoso que te puede tocar o no tocar. Lo más transformador que puedes tener o perder.

“Let the mistery be”, dice la canción que suena en la intro de la segunda temporada y suena y suena y suena en mi cabeza, como un mantra. Hay gente que necesita entender, y a esa gente esta serie no le va a gustar. Hay gente que necesita explicaciones, historias que se cierran, conclusiones lógicas. Hay gente que ante el misterio, prefiere mirar hacia el otro lado. Entender está sobrevalorado. A mí me gusta sentir. Y esta serie se siente. Se llora, se sufre, se lleva encima como una mochila. Porque detrás de toda la complejidad de su trama, de su narrativa, de lo loca que puede volverse… es una historia hermosa de amor. Y el amor se siente o no se siente. El resto es challa. Challa de colores fluorescentes, challa brillante, que cae de la manera más perfecta. Pero challa al fin y al cabo.

Acostada a su lado, como todos los días, lo miro leer. Lo miro a través de mis lentes de The Leftovers, y lo amo. Acá, y en todas las dimensiones que aún no conozco, lo amo.

 

ayer casi me morí

y no, no lo digo exagerando. ayer casi me atropellaron. un auto se tiró contra el tránsito en la calle abajo de mi casa y yo por ir con audífonos no lo escuché y por 5 centímetros no me atropelló. no sé si realmente me hubiera muerto si me hubiera atropellado, pero inevitablemente después de que pasó he pensado todas estas cosas:

quiero que cuando me muera todos mis más amigos hablen puras cosas malas de mí pero en una manera chistosa, algo así como un roast post-mortem, porque siempre en los funerales se hablan cosas buenas del muerto y yo quiero que hablen de mis cosas malas, pero chistosamente / el félix no se acordaría de mí si yo me muriera ahora y de puro pensarlo me pongo a llorar / el leopoldo sí se acordaría de mí pero sería tan triste para él que me muriera, no quiero hacerle ese daño así que pretendo cuidarme y, por ejemplo, dejar de escuchar audífonos tan fuerte en la calle / ¿lloraría el cristóbal si me muriera? lo he visto llorar tan pocas veces / si me muero quiero que cierren todas mis redes sociales, encuentro súper creepy eso de que queden los muros de facebook abiertos y la gente les escriba cosas a los muertos / ¿cuál foto me gustaría que usaran en mi funeral? / mi computador sería para mi sobrina / mi cámara para el Leopoldo / mis cuadernos y diarios serían todos para mis hijos, y me gustaría que cuando fueran mayores los leyeran para que conocieran realmente quién fui / acabo de llorar caleta sólo imaginando esa escena / que lata morirse repentinamente y que tus últimas palabras sean “gracias, que esté bien” a un caballero que te acaba de vender pilas / aunque en verdad no sé cuáles me gustaría que fueran mis últimas palabras / ¿irían a mi funeral las personas que sólo me conocen por redes sociales? / igual volvería a penar a mis amigos si es posible, y los penaría con cosas muy ridículas que los haría sospechar de que soy yo la que los está penando / que fome sería no conocer al cristóbal viejo, quiero mucho ver cómo va a ser cuando viejo/ que fome, que horriblemente fome, sería perderme a mis hijos creciendo / menos mal no me morí / no quiero morirme

 

dudas

a veces me pasa que tengo tantas ideas (textos que escribir, frases que dibujar, fotos que tomar y todo mezclado) que pienso “pucha si no tuviera a los niños tendría mucho tiempo y haría tantas cosas” pero altiro me pregunto “quizás si no tuviera a los niños no se me ocurrirían tantas cosas” porque antes no era tan creativa, o quizás no tan productiva.
porque ahora en un día normal tengo que estar pendiente de muchas cosas y mi cerebro está todo el rato conectándose y desconectándose de tantas cosas que el músculo de mi cerebro está muy activo. y tantas ideas. y tan poco tiempo. pero antes cuando era joven y alocada no hacía ni una cuestión, o quizás sólo una cuestión, y tenía tanto tiempo que terminaba viendo tele.

así que no sé.