y de pronto, triste

Puede ser una canción, un encuentro, o en mi caso un sueño. Un sueño que te recuerda lo que no tuviste, lo que no pasó. Eso que querías mucho y que te fue negado, por la razón que fuera. Y por muy hermoso que sea lo que sí tienes, por muy feliz que te tengan las cosas que sí han pasado… lo que no pasó es un pozo donde puedes hundirte por horas. Un pozo oscuro y mohoso, en el que caíste por andar muy distraída. Por no mirar bien.

Esa persona que no quiso seguir siendo tu amiga. El trabajo que no te dieron. La idea de ti misma que tenías a los 10 años. Tantas cosas que no pasaron, nunca pasarán y te obsesionan.
Y luego: la pena por no poder contentarse. La frustración por nunca haber aprendido a disfrutar de lo que se vive, por sobre el gusto a lamentar la posibilidad que nunca existió.

Había estado muy feliz últimamente. Se me han dado oportunidades que suenan hasta ridículas de lo afortunadas que son. El verano fue maravilloso, lleno de amor y planes. Mucha gente ha leído mi libro y me escriben conmovidos y agradecidos (indescriptible sensación). Mis hijos crecen sanos y a mi lado. He tenido la suerte (que muchas veces se siente como una maldición) de que todo lo que he empezado por ocio se ha transformado en negocio (las fotos, el lettering, la escritura, y hasta el podcast con la Isi), que lo que hago por amor se convierta en mi trabajo. Pero no sé si por curiosa, por insatisfecha, por inquieta o por simple estupidez, basta sólo desviar la mirada un segundo y pum: pozo.

Ese hombre que no te pescó. El cuerpo que tenías y que ya no. Los que te dejaron de seguir.
Dejar que quién eres se defina por lo que no lograste. Por tus fracasos, por lo que te falta.
Por los que eligieron no conocerte. Son ellos los que tienen la razón.
¿Son ellos los que tienen la razón?

Desde el pozo, pareciera que sí.
Pero ya me ha pasado esto antes, y he logrado salir.
Y cada vez más fuerte, más atenta y más capaz de mantener la mirada en el camino.