contar la historia
Cada cierto tiempo vuelvo a contar la historia del Félix. La última vez fue hace unos días en taller, cuando las niñas se pusieron a hablar sobre sus hijos y sus embarazos y partos. Algo que pasa seguido cuando haces talleres con puras mujeres y una de las razones por las que me gusta hacer talleres con puras mujeres. La confianza que se genera para hablar de todo (no, no sólo hablamos de guaguas y partos)
Conté la historia y ya me sé más o menos las partes en las cuales la gente se sorprende: 26 semanas,
nunca por dinero siempre por amor
Con la fotografía y con el lettering me pasó lo mismo. Empecé a sacar fotos y empecé a dibujar palabras porque encontré un placer sorpresivo en hacerlo. Un placer que estaba dormido. Que nunca se manifestó en mi infancia, cuando te preguntan “¿qué quieres ser cuando grande?”.
Un placer profundo, sin embargo.
Tan profundo que de tanto sacar fotos y dibujar palabras, empecé a hacerlo lo bien suficiente como para que otras personas quisieran pasarme plata.